Con Jeff Goldblum

lunes, 15 de marzo de 2010

CINE HISTÓRICO -Quo Vadis-








QUO VADIS
Miguel M. Tomás Vilar





En los años 50 aparece en la historia del cine un nuevo género, el de películas sobre romanos. Esta categoría cinematográfica se bifurca en dos vertientes correspondientes a dos áreas geográficas concretas. Mientras en Italia pasa a denominarse “Peplum” –túnica sujeta por el hombro- y hace referencia a películas de bajo presupuesto donde lo importante es la aventura sin ninguna preocupación por las raíces históricas, en Hollywood se apuesta por filmes de grandes presupuestos donde se procura incrementar el espectáculo.




El referente del inicio del Peplum podría ser “Hércules” (1.958), película interpretada por un clásico de la época, el Mister Universo Steve Reeves y que deja claras lo que serían unas constantes en el género: forzudo héroe, villano opresor y la lucha por la libertad. Otros ejemplos posteriores serían: “Aníbal” (1.959) y “Barrabás” (1.961). En cambio, el género en EE.UU., que ya había dado muestras a principios de siglo como podrían ser “Quo Vadis” (1.913) o “Cabiria” (1.914), redundaba en grandes y espectaculares temas: reinado de Julio César, vida de Cleopatra, el final del Imperio,… Y mientras en Italia se repetía en sus filmes el empleo de vestuarios, escenarios y extras, en Hollywood no se reparaba en gastos.


“Quo Vadis” tuvo dos versiones anteriores al trabajo de Mevyn LeRoy correspondientes a los años 1.913 y 1.924. Es en el año 1.951 cuando LeRoy estrena la que sería una película referente en el cine de romanos. Previa a “Julio César” (1.953), “Los Diez Mandamientos” (1.956), “Ben-Hur” (1.959), “Espartaco” (1.960), “Rey de Reyes” (1.961), “Cleopatra” (1.963) y “La caída del Imperio Romano” (1.964), es un fiel exponente del género.
Llegaba LeRoy de la realización de uno de sus mayores éxitos “Mujercitas” (1.949) cuando se imbuyó de pleno en la adaptación de la novela de Henryk Sienkiewicz. La historia presenta de forma global el ascenso del movimiento cristiano frente a una sociedad romana que aparece embrutecida y repleta de idólatras. En este ámbito nos encontramos con el personaje de Marco Vinicio que regresa victorioso con sus legiones. Tras su entrada triunfal, ordenada por Nerón, conoce a la hija adoptiva del General Plaucio –Ligia- de la que se enamora, sin saber que se trata de una cristiana. A partir de ahí, Marco Vinicio se siente atraído por la joven y convence a Nerón para que la ponga en sus manos en pago a los servicios prestados. Ligia en un principio le rechaza y huye unida a los cristianos hasta que finalmente termina reconociendo su mutua atracción con Marco Vinicio.


El filme fue un éxito y propició la inversión en nuevos proyectos de corte religioso-histórico-romano. Para la ocasión se contó con un importante reparto encabezado por Robert Taylor, la pelirroja Deborah Kerr –recién contratada por MGM- y el polivalente Peter Ustinov (intérprete, director y guionista). No menos interesante fue el equipo técnico conjuntado, destacando los directores de fotografía Robert Surtees (que también se encargaría de “Ben-Hur”) y William V. Skall, y la estupenda banda sonora del maestro húngaro Miklós Rózsa (“Julio César”, “Ben-Hur”, “El Cid”, “Rey de Reyes”). La película obtuvo 8 Nominaciones a los Óscar correspondientes: Mejor Película, dos al Mejor Actor de Reparto, Mejor Dirección Artística/Decorados, Mejor Fotografía, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Montaje y Mejor Banda Sonora.

Aún a día de hoy, existen ciertas críticas sobre el “rigor” histórico del trabajo de LeRoy pero habría que tener en cuenta que se trata de una novela llevada al cine. Las investigaciones apuntan a que Nerón no participó en el incendio, y más aún, que en esas fechas se encontraba fuera de Roma. Sin embargo, hay detalles durante el metraje que revelan un intento de dar verismo al espacio temporal donde se desarrolla la trama: el cuidado vestuario de los extras, la partida que juegan al latrunculi Marco Vinicius y Petronio, el inolvidable combate entre el gigante cristiano Urdus y el toro, los delirios de Nerón por su nefastas poesías,…

Para terminar, citar algunas grandes frases que son fiel reflejo de la buena materia prima de la que partían las imágenes:

“No basta con saber vivir, hay que saber morir”.


“Nerón, nacer bajo tu reinado es una equivocación, pero morir en él es una alegría”.

“Quemar una ciudad para crear una epopeya… es llevar demasiado lejos el arte por arte”.

“No soy cristiano; según dicen, los cristianos proclaman el amor al prójimo y viendo cómo son los hombre me resulta imposible amar a mis semejantes”.

“Has vivido como un monstruo, muere como un emperador”.


A la memoria de Don Guillermo Beltrán, Príncipe de Mastia.

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